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        Ley de la Atracción para Incrédulos.

               

                  Por Sergi Romero, alias Akhennion.

 

                          

                          “Haz que tus emociones fabriquen tu destino, o siéntate a observar como el destino fabrica tus    emociones.”

                                           Akhennion

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              Este artículo va dirigido a todos aquellos que hayan contraído un empacho agudo de libro de autoayuda. Y en especial a todos aquellos que hayan leído sobre la Ley de la Atracción, tanto para los que crean en ella como para los que la consideren una auténtica patraña.

   Mis conocimientos de programación se limitan a lo que pude aprender a los 13 o 14 años de BASIC para ZX Espectrum, es decir, como si no tuviera ni idea de informática, pero sin el como. Sin embargo,  soy capaz de confeccionar y gestionar mi propia web, y lo más complicado que tengo que hacer es copiar y pegar códigos HTLM. Pues bien, lo primero que opino sobre la  práctica de la Ley de la Atracción, es que es un buen truco para copiar lo que nos gusta por ahí fuera y pegarlo en nuestro subconsciente, utilizando el pensamiento consciente apoyado por las emociones. Ahora te digo que si estás poniendo en práctica esta ley sobre la que tanto se ha escrito, y has notado que tu vida está cambiando a mejor, mi recomendación es que dejes de leer este artículo. Ya que lo que voy a escribir ahora va dirigido a aquellos cuya vocecita interna no cree en meigas, y lo más probable es que, para ti, en vez de luz ofrezca tinieblas.  

  Hay un buen montón de eruditos, gastándose el dinero de los contribuyentes en aceleradores, haciendo chocar partículas atómicas con la pretensión de arrojar alguna luz sobre las nuevas teorías sobre el “cómo” es nuestro universo. Una de ellas sospecha que, de las cuatro fuerzas naturales que rigen en la naturaleza; Electromagnética, Nuclear Fuerte, Nuclear Débil y Gravitatoria, esta última sea un efecto residual de la interacción con otros universos, y que por eso, y por fortuna para la existencia de la vida, es tan débil en comparación con las otras tres. Universos que como el nuestro tendrían más de cuatro dimensiones y que estarían “entrelazados” de alguna manera entre ellos. De esta teoría se derivaría también que cuando un universo se “vacía” demasiado de materia por su expansión, interaccionaría violentamente con otros llenando ese vacío nuevamente. De cómo pueden llegar a demostrar algo tan insólito haciendo chocar partículas más pequeñas que la honestidad de un concejal de urbanismo en Villa Arroba de las Arcas, no tengo ni pajolera idea. Lo que sí sé es que observando la naturaleza, la incredulidad infundada y los dogmatismos de cualquier índole deberían haber tomado sepultura allá por el siglo XIX, y ya estamos en el XXI.

  El subconsciente es tan impersonal como un brazo. Imaginemos que, de vez en cuando, al ir a mover el brazo para tomar una baso de agua, a éste le diera por soltarnos un sopapo. Hay quien se pasa toda la vida recibiendo sopapos de su subconsciente sin saber cómo cambiarlo. Hay quien se resigna, se conforma y se condena a vivir con su peor enemigo por el resto de sus días. Sí, repito, El subconsciente es impersonal como una máquina, y si nuestra experiencia lo ha programado para jodernos, vive Dios que lo hará aunque nos cueste la vida o la salud mental y física. Hay miles de ejercicios para reprogramar el subconsciente en nuestro beneficio. De todos, los que me merecen más confianza son aquellos basados en la mejora de nuestra auto-imagen por medio de la experiencia, tanto física como imaginada. Éstos suelen ser efectivos rompiendo los barrotes mentales que delimitan nuestra personalidad. Si la experiencia nos hizo creer que no somos capaces de hacer esto o aquello, qué mejor que la experiencia, repito de nuevo, imaginada o física, para enseñarnos que sí podemos. Muchos de estos ejercicios milenarios nos enseñan a vivir en el presente, a estar atentos en lo que estamos para eliminar ansiedades y poder disfrutar de nuestro presente, que es lo único que se puede vivir, al menos que yo sepa.

  Respecto a lo que hablo de la capacidad programadora de la experiencia, algunos podrían llamarme a matizar. Sí, es verdad, no seamos bruticos, si le tienes miedo al agua por una experiencia desagradable en tu infancia, no es cuestión de que te tires de golpe a ella, a ver si aprendes a nadar de una vez. Podría ser que lo hicieras, pero también que te ahogaras. He dicho alguna vez por aquí que los soldados se fuerzan a acciones valerosas para dominar su miedo, pero también un esfuerzo desproporcionado en experiencias de ese tipo puede llevar a la persona a una neurosis peor que su miedo. El no forzarse en exceso y la calma suelen ser buenos consejeros para programar el subconsciente vía, la mejora de la auto-imagen.

  Las lecturas sobre la Ley de la Atracción nos dicen que nos imaginemos viviendo aquello que queremos experimentar. Y que el universo se encargará de traerlo hacia nosotros. Nos dice también que acompañemos estos pensamientos con emociones, y que seamos lo más concretos posibles. Como decía antes, una buena forma de cortar y pegar. Nuestro cerebro no funciona diferente al imaginar que al recordar. Lo que nos dicen con otras palabras los gurús de la Ley de la Atracción, es que proporcionemos a nuestro subconsciente de experiencias imaginarias lo más concretas y por tanto reales que podamos, con sus emociones incorporadas. La razón es clara, nuestro subconsciente no distingue entre una experiencia física y una imaginaria bien repleta de detalles. Y ¿Qué efecto hacen estas experiencias imaginarias tan reales en nuestro subconsciente? Mejoran la auto-imagen, les dice cómo eres y como te tienes que comportar frente a esto o aquello. En definitiva la Ley de la Atracción está destinada a reprogramar esa poderosa herramienta que nos dio la naturaleza, y que muchos llamamos subconsciente. Que al subconsciente se le llame Universo y que se utilice esa maravillosa emoción llamada fe, es lo de menos. Lo que está claro es que si eso consigue que mejores tu auto-imagen también mejorará tu vida de forma increíble.

   Los gurús de la Ley de la Atracción también dicen que igual atrae a igual, o mejor dicho, que cuando empieces a hacer de tu vida mejor con pensamientos positivos,  por sí sola atraerá más cosas deseables a ella. Obviamente, si reprogramamos nuestro subconsciente utilizando experiencias imaginarias, logrando así mejorar nuestra auto-imagen, nuestro comportamiento mejorará proporcionándonos experiencias, ahora reales, que consolidarán aun más esta nueva auto-imagen.

  En cuanto a la acción, la Ley de la Atracción dice que cuando actúas en armonía con el universo no te importará y se hará placentero. Estoy convencido de que perseguir para obtener se le ha dado muy bien al Ser Humano, es nuestra naturaleza. Cuando alguien está convencido de que es muy capaz de un logro concreto,  desempeña las acciones hacia él con toda naturalidad, y si además este logro es deseado, lo hará con placer.

   ¿Quiere utilizar La Ley de la atracción en su versión para incrédulos? Utilice la experiencia para reprogramar su subconsciente y mejorar su auto-imagen, derrumbe las limitaciones mentales que le hacen creerse inapto para el éxito. Y si carece de la experiencia del éxito, imagínela, con todo lujo de detalles, como si fuera un recuerdo. Imagínese comportándose de forma exitosa, imagínese como inteligente y sabio, y no olvide los detalles, en especial las emociones, sienta como si lo estuviese viviendo realmente, porque de hecho, lo estará haciendo. No olvide que tiene un subconsciente heredado de milenios de evolución, que dispone de una creatividad magistral. Enséñele de esta forma a su subconsciente quien es en realidad. Cuando lo consiga, no tendrá que preguntarle el “cómo” hacer para conseguir sus logros, esa pregunta se la hace ahora. Cuando su auto-imagen sea la del triunfador de gran comprensión y bondad que es, esa pregunta sobrará y ud. será la respuesta.

  La resignación, ese suicidio cotidiano como lo llamó Honeré de Balzac lleva a las personas a perder el misterio de su propia vida. A perder incluso la inquietud por hacer de uno mismo aquello que quiera ser. A dejar su interior raquítico, miedoso y confinado entre murallas que no le dejan ver la autentica naturaleza de su ser. Quien no tenga la inquietud por derrumbarlas, por recuperar el misterio de su vida que la experiencia le robó, más le valdría recordar el fatídico año en que eso ocurrió, para poder esculpirlo como última cifra en su lápida. Pues no hay peor muerte que la de negarse el derecho a la propia felicidad, ese voluntario y  milagroso estado mental.  

 Que nadie desespere en el camino hacia el éxito de su vida. Reprogramar el subconsciente no es algo instantáneo, pero tampoco una tarea tediosa que no pueda hacer todo el mundo.  Napoleón Hill dijo en su célebre libro “Piense y Hágase Rico”, algo así como que el fracaso es un tramposo con un mordaz sentido de la ironía, que nos hace tropezar justo cuando el éxito se encuentra a nuestro alcance. Si tu subconsciente es un hijo de mala madre que se ocupa de ponerte la zancadilla en cada enfrentamiento con la vida cotidiana. Si no pierde el tiempo en recordarte tu poca valía cada vez que te asalta el deseo de mejora. Has de saber que quien manda eres tú. Tus ordenes de programación, deben estar basadas en la experiencia, real o imaginada. Por eso los pensamientos y las emociones son tan importantes en este natural lenguaje de programación. Por eso lo son también la precisión en tus deseos. Pues todo ello confiere realidad a la experiencia imaginada. La calma, las buenas intenciones, la ausencia de rencores y miedos, y sobre todo el vivir prestando atención, en el presente, eliminando la ansiedad que provoca el recuerdo de lo que ya no tiene remedio, y la preocupación por lo que haya de acontecer, conforman el auténtico clima para que puedas transmitir las ordenes de programación con efectividad. Cuando una persona que en el pasado no lo hacía, empieza a creer y confiar en sus posibilidades, es porque sin duda ha empezado ya a forjar su interior en la dirección que marcan sus deseos.

   Imaginar con la máxima concreción es algo que sí esta en las manos de nuestro ser consciente. Acordarnos de sentir nuestra respiración y nuestro cuerpo, sentir el milagro de nuestra propia existencia cada vez que la ansiedad secuestre nuestra presencia, o cada vez que el miedo o la desesperación invadan nuestra alma, también es un poder de nuestro ser consciente. Experimentar el éxito atrae más éxito. Así que los pequeños éxitos cotidianos son un camino perfecto para enseñarnos que también somos capaces de grandes pasos. No subestimemos, no despreciemos el valor de los pequeños éxitos de la vida. Seamos conscientes de ellos cada vez que los logramos, prestando atención, viviendo en el presente. Si los pasamos por alto, también lo hará nuestro subconsciente, perdiendo inútilmente así su gran poder de programación. Mirémoslos como milagros que en verdad son, pues conducen a milagros con mayúsculas.

  La clave para traer a tu vida tus deseos está en tu felicidad. No la condiciones a obtener esto o aquello. Haz de tu subconsciente el de una persona feliz, imagínate feliz con todo lujo de detalles y sensaciones. La sonrisa de tu corazón te abrirá puertas que siempre creíste cerradas. Y por último mi eterno consejo; persiste, persiste en ello, porque no vas a dar crédito a lo que verán tus ojos.