El Filtro Mágico

                             

 

 

 

  

Dar opiniones sobre temas ajenos es tan popular que debemos estar siempre alerta. Recibimos miles de ellas sin ni siquiera demandarlas. Por eso, saber filtrar a nuestros criterios las opiniones de los demás es vital para avanzar en cualquier cosa que nos propongamos.

 Una vez tras haber fallado en un pago de mi hipoteca, el director del banco me llamó para aclarar mi situación de morosidad.  Cuando empecé a soltar mis excusas, que no por inteligentes se ajustaban a la realidad, el director del banco sin hacer ningún disimulo de su escepticismo me dijo: ¿Si tu negocio no va bien, no sería mejor que volvieras a trabajar para otros?

Lo primero que pensé, era que para alguien que tiene un buen puesto en una entidad financiera, aquel comentario era muy fácil. La verdad es que ni tan sólo yo creía mis excusas por mi mala situación económica. Además sabía en mi corazón que no estaba haciendo bien las cosas. La idea que me propinó, se volvía más sensata y buena por momentos. Volver a trabajar para otros me aportaría unos ingresos fijos que me permitirían hacer frente a mis pagos personales. Pero también, me obligaba a renunciar a mis sueños. Ambos seguimos callados durante no sé cuantos segundos y mi cabeza se inundó de miedos; miedo por saber que no estaba luchando suficientemente, o al menos de la manera adecuada, por mi negocio, miedo a no ser capaz a llevar a cabo lo que me proponía, miedo de mí mismo. Fue en ese instante, cuando me asistió el “filtro mágico de opiniones”. Al pasar aquella opinión por el filtro me di cuenta de que quizá era bienintencionada, pero no por eso debía calar en mi mente. De hecho, esa opinión me había regalado algo bueno, me había hecho aceptar que debía cambiar mi actitud si quería seguir adelante con mi negocio. También me había puesto a imaginarme otra vez en mi antigua vida de asalariado, en la que había llegado a perder todo entusiasmo por mi profesión, en la que había conocido la bancarrota del desánimo. Y por último, me había hecho recordar que debía recuperar la determinación que me abocó a ponerme a trabajar por mi cuenta.

  Me levanté de mi asiento y le dije: Si ponerte por tu cuenta y hacerte rico fueran la misma cosa, sería el deporte nacional. En dos semanas te pagaré lo que os debo. Tomé una decisión con mi vida profesional y no voy a darme por vencido.

 En dos semanas pagué, y sigo al pie de ese cañón.

A veces son personas con buena intención las que nos dan opiniones que pretenden empujarnos a la renuncia. Nos trasmiten los miedos que tienen por nosotros, o lo que harían ellos en nuestra situación, dejándose arrastrar por sus miedos.

  Es nuestra mente la que debe decir si todas esas opiniones sintonizan con nuestros propósitos o no. Los miedos ajenos armonizan con los nuestros y pueden hacernos recular en nuestras intenciones.

 Reconocer las opiniones que nos alientan o desmotivan, haciéndolas pasar por nuestro “filtro mágico” nos confiere una cualidad de gran valor.  Cultivarlo para que sea fuerte como un cortafuegos contra el virus de los miedos ajenos me ha ayudado en más de una ocasión.

                                                                  Akhennion.

 

 

 

           “La resignación es un suicidio cotidiano”

                                                              Honoré de Balzac.