La ley de la inercia.

 

    

Supongamos que tenemos un cuerpo en reposo en un medio fluido (que puede ser el aire por ejemplo). Y supongamos que queremos llevar este cuerpo del punto A en donde se encuentra, a otro punto B. Y supongamos también (para no complicar en exceso las cosas), que queremos llevarlo a este punto B a velocidad constante.

    La llamada fuerza de Empuje, es una magnitud física que se opone a todo movimiento de un cuerpo sobre un fluido. Ésta será mayor cuanto mayor sea la viscosidad del fluido, que es una constante de cada uno en concreto, y por supuesto, también tiene que ver con la aerodinámica del cuerpo que se mueve en dicho fluido. Además, es directamente proporcional al cuadrado de la velocidad en que nos movemos en el medio en cuestión. Es decir, la fuerza de Empuje se opondrá a nuestro movimiento con mayor magnitud cuanto peor sea la aerodinámica, la penetrabilidad, del cuerpo en movimiento, y cuanto mayor sea la velocidad de éste.

   La ley de la inercia nos dice que si queremos llevar nuestro cuerpo del punto A hasta el B con velocidad constante, debemos proporcionarle una fuerza que iguale a la fuerza de Empuje que se opone al movimiento.

 

  Pues bien, ahora supongámonos a nosotros mismos en nuestro viaje hacia el éxito de nuestros propósitos. De nada nos servirá que nuestra mente nos proporcione un plan que nos lleve desde donde estamos hasta donde queremos (A y B), si no ponemos dichos planes en marcha con hechos concretos (movimiento).

  Se hace ahora evidente bajo esta comparativa que, la fuerza del Empuje que va a oponerse a nuestro movimiento hacia nuestra meta, será justamente las dificultades que de seguro nos vamos a encontrar en el camino.

 ¿Y cuál será la fuerza que nos mueva a nosotros en oposición a dichas dificultades? Claro está, la fuerza de nuestra voluntad. Esa magnifica fuerza que se alimenta de tantas y tantas cosas buenas. Ese motor que se alimenta de nuestro interior, de nuestra aptitud mental, y de todo aquello que la mantiene fuerte, positiva, y si me permitís un ultimo abuso de la comparativa, “aerodinámica” frente al “Empuje” de las dificultades. Naturalmente ahora estoy hablando de todas esas cosas que no me canso de repetir, como el amor, la fe en nuestro objetivo y en nosotros mismos, el sexo y el romanticismo, y en general todos los buenos alimentos de nuestro estado de ánimo, de nuestra actitud, del motor, de la nave hacia la consecución de nuestros sueños.

    La ley de la inercia también nos dice que todo cuerpo en movimiento tiende a seguir en movimiento, y que todo cuerpo parado tiende a seguir estático si no se ejerce sobre él ninguna fuerza.

  También las personas tendemos a seguir en movimiento y a seguir parados. En nuestro viaje hacia el éxito debemos mantenernos en movimiento, así pues debemos cuidar todas aquellas cosas que mantienen nuestro estado de ánimo en forma. Abrir los brazos a cualquier tipo de motivación que lo alimente.

 Quien crea que puede hacer todo lo necesario para llegar al éxito sea cual sea su actitud, se equivoca. Mantenerse en movimiento cuando las dificultades arrecian, requiere de una mente bien alimentada de motivación. Sin motivación nos volvemos improductivos y mezquinos. La actitud que nos lleva hacia a nuestros objetivos es la determinación, la confianza en nosotros mismos, la fortaleza mental.

   Como humanos siempre tendremos nuestros momentos de debilidad, momentos de estado de ánimo bajo. Tener en cuenta esta comparativa puede ayudarnos a recordar de qué se alimenta el motor hacia nuestros sueños. La tendencia al olvido de todas aquellas condiciones que mejoran nuestra vida, es inherente al ser humano. Por eso creo yo que inventamos las plegarias, los mantras, que nos repetimos hasta la saciedad cuando queremos decirle a nuestra mente lo que necesitamos de ella. Para que las dificultades del camino no nos hagan olvidar a donde nos dirigimos y, sobre todo, qué nos llevará hasta allí.

                                          Akhennion